Una Familia Desconocida - Sofía Fernández.






Para mis más queridos seres: 
Pase años buscando algo. Nunca supe muy bien qué. Era un historiador que investigaba el pasado para encontrar lo que buscaba. Hasta que un día lo encontré y la depresión me condujo a mi fin.
Después de mucho tiempo, lo había logrado. Finalmente podía cumplir mi sueño de vivir en una casa en Polonia. Finalmente podía volver a mi tierra natal.
La casa no era muy grande y necesitaba mucho trabajo pero con un poco de esfuerzo podía ser un hogar. Comencé a ordenar, sacando telarañas y polvo por doquier, la casa estuvo abandonada algunos años. El papel tapiz de las paredes se arruinó con el tiempo y el estampado no era lindo. Decidí sacar el papel y noté bajo la escalera una pequeña puerta oculta que se camuflaba con la pared. 
Abrí la puerta y entré con cuidado. Del otro lado de la puerta se encontraban varias cajas. Algunas tenían ropa de niña y de mujer. Otras cosas de la casa; vajilla, libros, juguetes y varias diapositivas que llamaron particularmente mi atención. Estas mostraban a una niña pequeña y una mujer adulta, ellas eran probablemente las antiguas dueñas de la casa. La mujer tenía un aire particular.
Como buen historiador me dispuse a averiguar quiénes eran estas chicas y porque se me hacían conocidas. Pase semanas buscando pistas. Hablé con testigos, recolecte documentos, uní cabos y llegue a una conclusión. Después de una ardua búsqueda  esto fue lo que descubrí.
La mujer nació en el 1915 en Rusia. Ella pertenecía a una familia muy poderosa. Hasta 1918, vivió en su país natal pero con la revolución sus padres la enviaron a Polonia. Poco después de abandonar a su hija, los padres murieron, quedando ella bajo la custodia de sus tíos. Fue criada con los mayores lujos y educada con los mejores modales. 
En 1929 la conocí y nos enamoramos a primera vista. Salimos en repetidas ocasiones, hasta que un año más tarde fuimos novios. Yo era cristiano y ella judía pero igual la amaba.
Ella a sus diecisiete y yo a mis veintidós, tuvimos relaciones sexuales por primera vez. Semanas más tarde, yo no supe nada más de ella, había desaparecido sin dejar rastro alguno.
Lo que yo no supe fue que ella quedó embarazada y por eso huyo. Se mudó a esta casa y crió a nuestra hija. Supongo que jamás le conto sobre mí.
Cuando nuestra hija cumplió ocho años se las llevaron a ambas a un campo de concentración, por este motivo ellas habían guardado todo en cajas, pensaban escapar antes de que las atraparan, pero no fueron lo suficientemente rápidas. Dos años luego de ser llevadas al campo de concentración intentaron huir, pero fueron fusiladas cuando las descubrieron.
Pasé los últimos días llorando , entendí muchas cosas de  mi pasado. Lo que empezó como una búsqueda de una mujer y una niña por curiosidad, terminó con migo deprimido por días. Ya no tolero más vivir así, porque vivir sin ustedes es como no vivir. Estas son mis últimas palabras antes de matarme. Anhelo al menos reunirme con ustedes en el más allá. Discúlpenme por no haber luchado por ustedes, por no haberlas perseguido, por haber sido así.
Discúlpenme.


Comentarios

  1. Sofía, en tu texto se reconoce una mirada sensible y cálida para desarrollar una historia dolorosa; sin embargo, la historia se desmorona porque, por un lado, no resulta verosímil: la casualidad de reencontrarse con la mujer amada que le ha dado una hija a través de recuerdos ocultos tras una puerta secreta resulta increíble. Tampoco es creíble que no la reconozca cuando ve la foto. Por otro, hay sobreentendidos que no se pueden reponer por contexto; al comienzo, el narrador afirma que "podía cumplir mi sueño de vivir en una casa en Polonia" y luego "En 1929 la conocí y nos enamoramos a primera vista. " ¿Siempre estuvo él en Polonia? ¿Regresa a Polonia? No se entiende.
    Aparecen algunas incoherencias como el salto entre que habla de "la mujer" y al siguiente párrafo afirma "En 1929 la conocí y nos enamoramos a primera vista." Además, no es coherente con la época que ella huya al quedar embarazada, si nada impide que se casen.
    En cuanto al discurso, no pierdas de vista que decir no es narrar. No son las historias sino el discurso el que hace literario a un texto y de esto se trata esta primera parte de nuestra materia. Queda pendiente la Literaturidad.
    Espero que no te desanimes con todo lo que te señalé y ojalá tengas las ganas y el entusiasmo para reescribirlo, porque a escribir se aprende escribiendo. Este es el desafío, por eso
    ¡Buen trabajo!

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