Por última vez y para siempre - Camila Zavala



Estoy sentada en el sillón de mi living, rodeada de papeles, cuadernos y páginas de libros escritas por ideas; no me encuentro ni en una sílaba. Tengo de día y de noche las cortinas de mi casa levantadas para que entre luz natural desde que sale el sol hasta que se esconde, eso me da energías. Salgo de mi departamento mono ambiente solo para ir al supermercado o al kiosco a comprarme cigarrillos.
Paso de la cama al sillón, y del sillón a mi escritorio. Estoy con ganas de escribir algo. Tengo ganas de escribir y punto. No sé qué quiero escribir, generalmente no me siento con una idea, siento que me limito. Me gusta sentarme, leer los textos que tenga a mano o material que me inspire, y simplemente escribir.
Escribo. Escribo sobre mis experiencias, buenas y malas. Escribo sobre lo que aprendí, y lo que desaprendí también. Escribo sobre mis deseos, sobre mis miedos y sobre vos. Escribo nuestra historia, lo que tuvimos, lo que vivimos. Escribo algo parecido a nuestra historia con fin, para poder hacer de cuenta que nunca terminó e inventarle mi propio final, el que me hubiera gustado: simplemente que nuestra historia no tenga fin. 
Paso horas y horas. Busco palabras, no me gustan, no combinan. Busco sinónimos, busco colores para dibujar al lado de los textos para darle un poco de color a esas historias, historias que necesitan un poco de luz para poder tomar vida. Escribo historias para que estas no prescriban. Si escribo mis historias, ellas se quedan ahí, en mis cuadernos, o en esas páginas de los libros que están al principio y al final que vienen en blanco. Ahí también escribo. Trato de no buscar un sentido, ni un mensaje. Trato, en todo caso, de poder transmitir algo, una energía, un sentimiento, o quizás, de repente, transportar a alguien con una imagen, un sonido, un olor. 
Muy pocas veces me gusta lo que escribo, tengo bastante desconfianza, por eso tengo métodos y rutinas para escribir, como buscar sinónimos, o palabras para que suenen lindas, que de las palabras nazcan melodías. Ese es mi propósito a la hora de escribir. En realidad, me gustaría poder concretar ese propósito, me es casi imposible identificar música en mis textos.
Me da miedo, inseguridad, vergüenza, pudor, enseñar mis textos, aunque, como digo, mi propósito a la hora de escribir es poder identificar música en las palabras, transmitirla, que se sienta la música. Por eso, cuando algún texto me gusta más o menos, se los muestro a mis amigas, o a personas que comparten mis mismos gustos de escribir, como te gustaba a vos. ¿Te acordás de las tardes juntos que me enseñabas de teoría, y pensábamos cuentos para cuando tuviéramos nuestros hijos, y leerselos a cada uno de ellos? Tengo la memoria tan nublada de revolver el pasado que me cuesta seguir rebobinando, y aunque quiera acordarme de nuestros momentos juntos, solo me puedo acordar de lo que me enseñaste sobre literatura. Me acuerdo de nosotros, yo aprendiendo de vos. Me acuerdo de lo primero, de lo lindo, de todo lo que me hiciste creer, y un poco de lo no tan lindo, de todas las mentiras, de las idas y vueltas, de tus salidas encubiertas. De la segunda parte de la historia, hoy puedo decir por suerte, no me acuerdo de nada. Solamente me quedó una sensación en el cuerpo, un sentimiento de miedo constante que lo tengo cuando voy caminando por la calle, cuando voy al supermercado y cuando voy a comprar cigarrillos. Siento un frio que me recorre desde la nuca hasta el final de mi espalda, con un cosquilleo en todo el cuerpo, como si en verdad algo malo estuviese por pasar. Es una sensación horrible, espero que no le pase nunca a nadie, aunque lamentablemente hay personas que viven con esa sensación hasta dentro de sus casas, y lo peor es que muchas veces lo tienen que disimular porque están con sus hijos e hijas.

Me encuentro sentada ahora en mi escritorio. Sin pensar, sin ideas para escribir, termine escribiendo sobre vos. Inconscientemente, mis pensamientos se relacionan con la sensación de miedo y vacío que siento cuando no estoy en mi casa y estoy sola, tengo miedo que me encuentres, porque no estás donde vas a estar. Fijate vos, que me hiciste entrar en un túnel oscurísimo, me pintaste de negro mi juventud, me separaste de mi familia, de mis amigos y de mis amigas. Fijate vos la libertad que tuviste cuando en realidad no me dejaste ver la luz del día durante meses. Pero fijate vos, yo también hoy tengo mi libertad, porque tengo este momento para despedirte, para entender que la última sensación de miedo en la calle la tuve ayer, y que no la voy a tener nunca más. Para hacerme entender que fui y soy valiente, y para hacerme entender que fui, soy, y seré siempre fuerte. Igual, quiero decirte una última cosa: yo encontré mi pasión por los libros, por la literatura y por la escritura, que me sirve para desahogarme, para descargarme, para entenderme y encontrarme. Vos perdiste, te quedaste sin nada. Vos solo te vaciaste de vida, de tu vida, te olvidaste de tus sueños, te olvidaste de cómo sentir. Vos solo buscaste ser una porción enorme de nada.

Comentarios

  1. Camila, escribís una sensible escena de escritura, con una protagonista muy bien definida, tanto como sus reflexiones y emociones que conmueven. Sin embargo, no construís una lectora, aunque ella lea y sepa que uno de los "peligros" de la lectura es que conducen a la escritura.
    La historia dolorosa que carga el personaje deja con las ganas de saber un poco más para entender el cambio que hace al final porque resulta demasiado brusco.
    Muy buen uso del vocabulario y las imágenes.
    Revisar puntuación y párrafos. También tildes.
    ¡Muy buen trabajo!

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