La lectura de la vida - Sotniczuk Lucila
Sentado en el piso frío de cerámica
se encontraba Bruno. Era un chico normalmente tranquilo, aunque muchas veces
desobedecía a su madre, como aquella mañana en la que se sentó en el piso sin
ninguna manta. Su madre le diría que se iba a resfriar, que iba a pasar frío y
se iba a enfermar; Bruno ya sabía todo lo que le diría su madre si lo veía ahí,
pero como ella no estaba en casa, no le parecía mal desobedecerla. Ese día se
despertó temprano y no sabía qué hacer, así que se quedó sentado allí por un
buen rato. Podía pensar en ver la televisión, o comer caramelos; cosas que su
madre no le permitía hacer en esas horas. Pero no era lo que realmente quería
hacer. A Bruno le gustaba leer, y no los cuentos para su edad, los libros para
grandes. Esos que tenían muchas páginas y letras más pequeñas. Así que decidió
que esa mañana leería uno de esos libros. Recorriendo los rincones de su casa
encontró un libro que era bastante grande; suficiente para Bruno. Volvió a su
lugar inicial con su nuevo libro y leyó el título. No tardó en leer las palabras
que conformaban el título La lectura de
la vida, y aunque sabía leer como los grandes, su inocencia lo mantenía
alejado de los verdaderos significados. Pero antes de comenzar se dirigió hacia
su cama, porque tal como le diría su madre, le agarró mucho frío. En la
comodidad de su cama comenzó a leer. En el libro aparecía solamente un niño,
que no tenía nombre. Él iba al jardín, y siempre cuando salía su madre lo llevaba
a una plaza en la que había una fuente para que él tire una moneda. En el
colegio este niño tenía muy pocos amigos, pero aun así los invitaba a jugar a
su casa. Entre risas, chocolatadas y juguetes pasó su infancia. Bruno lo
comprendía a la perfección, vivía frente a una plaza con una fuente y también
tomaba la chocolatada con sus amigos.
El niño era
revoltoso, le gustaba hacer bromas y causar problemas. En el colegio lo
llevaban a la dirección muy seguido. “Cuando seas grande vas a tener problemas”
le decían, pero los ignoraba porque sabía que no iba a ser así. Al niño le
gustaban los autos, sabía que trabajaría con autos. Y aunque seguía causando
problemas, era en menos cantidad. En su último día de clases en el colegio fue
con su mejor amigo al salón de actos y allí corrieron y jugaron por última vez.
Interrumpiendo su lectura, entra la madre de Bruno a su habitación llamándolo;
él debía de ir a visitar con su madre algunas secundarias, solo para ver a cuál
inscribirse.
En la
secundaria, el niño encontró más amigos. Ya no causaba problemas. Ya con 15
años no sentía la necesidad de tirar sillas o correr por el patio. En esos años
se enamoró de su amiga, quien pasó a ser su primera novia. También comenzaron las peleas con sus padres.
Bruno también odiaba que sus padres no lo dejen salir con sus amigos o ver a su
novia, todos lo hacían y a él no lo dejaban.
Ya
terminado el secundario, el libro describe al personaje como un joven que puede
y no quiere. Un joven con capacidad de estudiar y tener un futuro, pero que le
gustaba salir e ignoraba sus estudios. Pero luego de unos años, decide
inscribirse a la universidad. Dedica mucho tiempo al estudio, mucho estrés que
no sabe manejar y ahora su madre le pelea el por qué no pasa más tiempo con la familia.
Bruno detiene su lectura nuevamente porque debe de seguir estudiando, al día
siguiente tiene un parcial y le faltan leer tres textos. Duerme poco y rinde
bien, así es su nueva rutina. Iba a salir con amigos para festear, pero al
final ninguno puede. Con una birra y un pucho se encierra en su cuarto para
seguir leyendo. Ahora el personaje se enamora, y cuando se recibe de abogado,
se alquila un departamento con su novia. Los dos consiguen un buen trabajo, y
se casan. Los problemas ahora son la familia, no saber con quién pasar el
finde, y sus amigos. Pero después de unos años recibe la buena noticia que va a
ser papá. El libro describe con mucho detalle cómo se sentía el personaje al
momento de cargar al recién nacido, y Bruno piensa cómo se va a sentir cuando
tenga también a su hijo en brazos. Había hecho cursos de cómo tratar a los
bebés, pero lo que le preocupaba era que en unos meses debían de mudarse porque
ya no había espacio.
Luego de
ayudar a sus hijos con las tareas, Bruno sigue leyendo. El personaje de su
libro se encontraba ahora con los problemas habituales, el trabajo y el dinero,
pero lo peor fue su salud. Fue diagnosticado con una enfermedad, por lo que
decide hacer un viaje familiar antes de que sus hijos vayan a la universidad. A
Bruno le gustó la idea de un viaje familiar; más cuando sus hijos están a punto
de estudiar en el exterior.
En la fecha
de su cumpleaños número sesenta y cuatro, cuando ya su esposa no estaba con él
y sus hijos se encontraban en otra parte del mundo, Bruno sigue con la lectura.
El libro ya casi llegaba a su fin, el personaje ya era un señor muy mayor que
estaba en sus últimos días; y Bruno se dio cuenta que su vida se le había
escapado de las manos, que su lectura lo hizo crecer. Que realmente fue la
lectura de su vida.

Lucila, escribís un buen texto, claro y preciso, en que los hechos se encadenan a la perfección para dar cuenta del transcurrir de la vida del protagonista. Sin embargo, a partir de que se reconoce el uso metáfórico del libro y la lectura, los hechos se vuelven predecibles y ya no conmueven como podrían. Entonces, el resultado al que llegás es un producto desparejo en el tono y el ritmo, con partes mejor logradas que otras por el orden y la cantidad de información que vas dando; por la ausencia de indicios (ganaría si no se dijera todo, si utilizaras modos más sutiles y sugerentes de ir develando los hechos).
ResponderBorrarImpecable la expresión.
¡Muy buen trabajo!